jueves, 21 de abril de 2016

Transporte



Cada tanto ojeo el reloj de la estación. A las nueve sale mi tren, pero todavía son las ocho y cuarto. Le doy un sorbo a mi café y vuelvo a bajar la mirada.

Allá hace frío, la nieve se está acumulando afuera y la vida corre peligro cuando se quedan atrapados en el túnel del tren. De vez en cuando se escucha el aullido de los lobos y la gente comienza a impacientarse. El positivo del grupo, que estudió medicina y no tiene ninguna herida, se la pasa comentando al resto que pronto vendrán a rescatarlos. Sin embargo el frío los está enfermando y la oscuridad – porque las luces y la batería del tren hace rato que se acabaron. – cae sobre todos los pasajeros como una niebla que transporta miedo, desesperación y desilusión. El señor positivo se llama Jared, tiene una boda a la que asistir pero la gente se la pasa diciendo que no creen que lleguen a vivir para contarlo. Jared no deja de recordar cosas de su vida, como cuando su madre le preparaba la sopa caliente en días helados, o cuando aprendió a conducir con su padre, o a su pequeña hermana que siempre le enseñaba que la vida era muy injusta pero que valía la pena vivirla. Todo esto le da las fuerzas que necesita para ayudar a los demás incluso en la desesperanza y seguir con una sonrisa en la cara pidiendo a todos que sean pacientes, pronto los van a rescatar.

Vuelvo a mirar y ya estoy cerca de las nueve, me entretuve mucho con Jared así que le pago al mozo y salgo del bar para esperar el tren en el andén. El cielo está gris, pero está pesado. Aún quedan cinco minutos para que el tren llegue así que me siento en un banco y bajo la mirada.

Las horas siguen pasando, la gente comienza a toser y a agruparse para darse calor. Jared sabe que si sigue insistiendo con el positivismo posiblemente lo maten así que ayuda a un grupo a encender una pequeña fogata. Es peligroso por el humo pero la gente está congelándose. Mientras todos se reúnen alrededor del fuego, Jared comienza a pensar en el pelo sedoso de Cecile. Ellos se conocieron en la facultad, ambos se enamoraron a primera vista y tuvieron un noviazgo de tres años. Dentro de unas horas, se van a casar. Jared no quiere seguir pensando en ella así que se levanta y va a ayudar a un herido que estaba bastante grave cuando ocurrió el accidente.

Escucho la bocina del tren y siento el temblor cuando se acerca. Entro en el vagón, consigo un asiento y bajo la vista.

La piel del herido está muy fría y sus ojos cerrados. Él no se acercó al fuego. Jared le toma el pulso y descubre la triste verdad, hay otro más que no logró vivir, una más que no pudo salvar. Maldice golpeando la tierra. Todos lo miran extrañado, jamás lo vieron tan infeliz. Se aleja del grupo para llorar. Jared se deja caer sobre la pared del túnel, siente el frío como un consuelo de que al menos él sigue vivo y deja que las lágrimas caigan. Cada vez le es más complicado recordar el positivismo del principio porque desde donde está logra escuchar a alguien más que da su último aliento. Cuando el humo se intensifica deciden apagar el fuego y todos se acuestan exhaustos sobre la tierra húmeda y fría. Jared se encuentra solo mirando el negro techo, en su agotamiento imagina que está flotando en el universo rodeado de estrellas y se queda dormido. Al rato despierta transpirado, tuvo una pesadilla donde Cecile estaba sola esperando en el altar. Mira alrededor y ve a unos cuantos que lo buscan con la mirada. Sabe lo que todos piensan, que están en su tumba. A su izquierda una niña sostiene un peluche y llora junto al cadáver de su padre. Jared trata de consolarla pero el recuerdo de los últimos días de vida de su hermanita hace que le sea imposible infundir ánimos. Siguen buscando su mirada, pero se encuentran con que Jared se rompe, no puede salvarlos ni darles una solución porque es humano como el resto, un humano triste y atrapado igual que todos, que debería estar asistiendo a su boda pero lo único que va a recibir es su muerte. La niña le pasa su peluche a Jared, este lo mira y se lo devuelve con una disculpa. Toma de su billetera un papel blanco todo arrugado. Marca un círculo rojo alrededor de la opción “Acepto ser donante” y mira a los demás pasajeros. Todos están sacando el mismo papel. Satisfecho Jared se acuesta. Dos horas después cuando muchos ya estaban dispuestos a rendirse, el túnel comienza a temblar por las máquinas que tratan de rescatarlos a todos. La niña se acerca para despertar a Jared, pero él yace muerto con una sonrisa en los labios.

Quedan tres paradas antes de que baje y no puedo contener las lágrimas. En el epílogo cuentan como Cecile mete en la tumba de Jared su vestido de novia y llora descontroladamente. Meto el libro en mi cartera y miro el paisaje. Es inútil que trate de no llorar, esta clase de historias causan ese efecto y no me importa que la gente piense que estoy loca por reaccionar así a un libro. Pasamos por un túnel y yo contengo el aliento, sé que era sólo una historia. Mañana pienso empezar “Sueño de una noche de verano” porque no quiero seguir con esta racha de tragedias.
Sigo pensando en Cecile y Jared. Siempre deseo tener un amor como el de ellos pero esta vez no sé si lo quiera. Prefiero el amor de Willem y Allyson, ellos se amaron en sólo un día y jamás se pudieron enamorar de alguien más. Me gusta pensar que Cecile si podrá seguir adelante. Me gustaría seguir adelante con mi vida si me llegara a pasar algo como lo que le pasó a Cecile pero no puedo decir que la entienda. En realidad no puedo entender a nadie que se enamore porque jamás estuve “manchada de amor” como los personajes que tanto amo. Leo todo el tiempo historias de amor pero no puedo tener la mía. Una última lágrima se resbala por mi mejilla y cuando me la seco mantengo mi mirada en la lista de estaciones que quedan.
Estoy llegando a mi parada así que me levanto y es cuando noto que me están observando. Me siento incómoda porque seguro vieron que estaba llorando. Sin embargo la mirada del muchacho baja a su libro. El tren se está deteniendo pero no puedo quitar mi mirada de él. Es como una ley propia, si veo a alguien leyendo quiero saber qué lee. Casi que me quedo inmóvil al leer que “Sólo un día” es el título. Observo sus ojos y sé que está haciendo un gran esfuerzo para no llorar. Jamás tuve un novio pero una vez escuche que “ver a alguien leyendo el mismo libro que leíste es ver a un libro recomendando a una persona”. El tren se detuvo. Por un segundo tengo el deseo de olvidar mis obligaciones e ir a su lado para hablarle. Están por abrirse las puertas cuando él levanta la mirada. Sus ojos azules me agradecen y mueve sus labios en lo que yo entiendo un “hasta mañana”.

Bajo del tren. Me quedo observándolo mientras la gente se sube, las puertas se cierran y el tren continúa su recorrido. Por un instante, pienso que quizás es la última vez que voy a verlo en mi vida y el arrepentimiento empieza a trepar por mis sentimientos. Pero luego recuerdo su sonrisa cuando descubrí el título y sé que se sentó ahí para que yo viera lo que leía, que estaba leyendo eso porque yo lo leí. No sé cómo lo sé. Sólo sé que es cierto. Así que voy a mi trabajo esperando a que llegue el mañana. Porque tal vez mañana sea el día en que empiece a escribir mi propia historia de amor. Y esta vez, en caso de que suceda lo que le pasó a Jared, estoy segura de que ambos estaremos en el mismo tren.
Brenda E. Porjolovsky

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